jueves, 4 de junio de 2009

La justicia se vuelve a reír

Les voy a contar una opinión personal: Siempre he creído que la vida no es justa. Y los hechos corroborran mi teoría. Egoístas empresarios que destrozan el medio ambiente para amasar grandes fortunas, poíticos corruptos que se salvan de la cárcel por sus contactos, gente que recibe premios injustamente... Precisamente les voy a relatar una experiencia de un amigo mío con relación a este último caso y que mejor respalda mi opinión.

En mi colegio, al terminar 2º de Bachiller, se otorgan tres matrículas de honor, con sus respectivas becas incluidas, a los tres alumnos que mejores notas hayan sacado - o robado - en Bachillerato. Las dos primeras se otorgaron sin ninguna complicación, justamente. El problema llegó con la tercera. Tres alumnos - 2 chicos y 1 chica- empatados hasta las milésimas en cuanto a notas. Y el colegio, en un acto de suprema inteligencia, decide adjudicar la tercera beca a sorteo. Con dos cojones. A la mierda las notas de 4º de ESO, la opinión de los profesores sobre los alumnos, el esfuerzo de los mismos... Lo echamos a suertes, como decía "Ella baila sola". Como era de esperar, pronto surgieron las disputas. Que si este se la merece más, que si este otro se la merece más aún... Pero la mayoría estaba de acuerdo en que se la merecía mi amigo. Hasta la chica admitía que lo más justo era que se la llevase él, dado que era quién más se había esforzado y cuya situación económica era más difícil (bendita crisis) . Por el contrario, el otro especulaba en usar la beca para financiarse su viaje de fin de curso.

Así estaban las cosas cuando se celebró el sorteo. ¿Adivináis quién ganó? Efectivamente, este último. Pronto se puso a jactarse de su triunfo mientras que mi amigo, con un palmo de narices, recordaba los puntos de diferencia entre su media y la del agarciado en 4º de ESO. Por si fuera poco, encima el otro comenzó a avisar a todo el mundo de su beca y a proclamar a los cuatro vientos en qué iba a emplear el dinero ( puñetero interrail) y cómo había logrado su media - ¿acaso suponían que había estudiado más que copiado?-.

Fue en ese momento cuando me puse a reflexionar y me dí cuenta de que los malos siempre gana frente a nosotros, los justos, los buenos - o menos malos, como dice mi abuela-. Y me imaginé a la dama ciega de la justicia enfrente nuestro, rodeada de sus malvados compinches, y riéndose a carcajada limpia.